sábado, diciembre 19, 2009

cortocircuito

los carretes son la ocasión perfecta para pensar en mis dramas escondidos. bailo como si tuviera 16 de nuevo. a los 16 me quedaba bien eso de curarme raja y despertar en la escalera de la casa de una amiga, con los ojos hinchados, mientras la cara de todos me decía que había dejado la cagá. ahora no hago tales desastres, pero a veces es como si quisiera revivirlo con un poco de alcohol y pulp. ahora hago el ridículo, pero en mi cabeza las cosas no han cambiado tanto. confundo a la gente, me paso rollos imposibles, cierro los ojos y pienso en la pila de temas recurrentes que para mí son el universo, el todo. y bailo.

las luces y el ambiente no ayudan. por suerte no es el momento de hablar. siempre me desesperó no poder hablar mucho en las fiestas, siempre quise hablar más de lo debido, siempre hablé más de lo que era necesario. ahora me río de vez en cuando, grito las canciones, dejo que se escapen sonrisas estúpidas causadas por pensamientos estúpidos y por suerte no tengo que darle explicaciones a nadie. hasta me puedo reír en voz alta, sola. un montón de sensaciones nostálgicas me acosan, precisamente, cuando estoy carreteando. mientras me muevo con los ojos cerrados, un videoclip de personajes y circunstancias fluye y cambia según la música. es más que tonto.

ahora traspaso ciertas conclusiones que se van intensificando a medida que me vuelvo más y más perdedora. cada día es otro poco, más y más agarrada de un cuento en el que para variar estoy sola. yo y los personajes reales que en verdad son imaginarios.

1 comentarios:

Desvío dijo...

a los 16, a los 30. a veces creo que no vamos a dejar jamás en el pasado todos esos rollos carreteros y las metidas de pata. así que mejor vivirlo, bailar, cantar, aguantarse la caña y aceptarse loser.

 
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