hoy, perdida en el metro, luego en el centro, sin saber cómo pedir una revista en la biblioteca, sin una moneda de 100 para los lockers, respondiendo aquí a un cómo estás o más enana que nunca frente a un espejo de la galería san agustín. todas las situaciones, un revoltijo de escenarios que confirman que mi edad mental bordea los 12 y que nunca, nunca voy a ser una buena periodista si sigo teniendo vergüenza de toda la gente. pero no sé qué hacer con eso.